miércoles, 28 de marzo de 2007



En la espera... Del Transantiago


Por Diego Sánchez


Emociones desbordadas devienen en la espera, mientras la frente húmeda, la lengua impávida y los ojos enmudecidos se estancan en la acera que cobija un estrafalario paradero, el cansancio es el de siempre, pero el tiempo parece correr más lento, como conspirado con la locomoción colectiva para hacer más tedioso el camino de regreso a casa. En las alturas el infatigable sol no da tregua; en la calle la paciencia se dilata como un sueño fugitivo, miró a mí alrededor y pareciera que soy el único que esta dispuesto a expresar su disconformidad con un sistema de transporte defectuoso.


Decenas de siluetas se multiplican en silencio. Yo explotó. Han pasado 25 minutos y ni una sola micro se ha dignado a aparecer. Me miran y nadie dice nada, todos los rostros cabizbajos parecen sombras por el cansancio de la jornada, yo comienzo a proferir un vocabulario poco decoroso inspirado al unívoco por el TranSantiago. La verdad, ya ni siquiera me molesta que la frecuencia de los buses sea mala, más bien lo que me indigna es la pasividad de la gente que me rodea ¡nadie dice nada!

¿Esto es ser chileno? me preguntó enrabiado. Hacer gala de una tolerancia que bordea la ridiculez, esperar hasta el cansancio a que la misma micro de siempre con el idéntico sonido infernal de su motor, sucia y mal cuidada y, por si fuera poco, abarrotada de personas aparezca para detenerse en el paradero y hacer subir a las personas agotadas a jugar a ser sardinas en un horno mal oliente. Todos los que estamos en el paradero sabemos esto: escolares, universitarios y adultos, pero nadie dice nada. Si, parece que eso es ser chileno, callar cuando es necesario hablar, mantenerse en la penumbra cuando es necesario organizarse, pero por suerte… existen las excepciones.


miércoles, 21 de marzo de 2007

Deseos-Saludos

Profesor, ojalá disfrute con el contenido de este blog...