¡Presidenta, que la tortuga no se le escape! Y es que se encuentra ante la inmejorable oportunidad de consentir al Rey Juan Carlos de España con los particulares menesteres de la democracia nacional, de posicionar al país en la vanguardia de los sistemas sociales del mundo, que abogan por la justicia y la igualdad. Por eso, alcemos las copas y brindemos por las esplendorosas características que el Rey en el reino de Chile debe, sí o sí, conocer.
Para comenzar, que mejor que aguantar la respiración e inflar el pecho y contarle al Rey sobre el incomprendido Transantiago. Hacerle ver que con firme afán de “crecer con igualdad” les cedió a todos los chilenos un transporte único, en donde lo que prima es la hermandad de quienes viajan. Es más Presidenta, debiese recomendárselo para que lo utilice en lugar de las protocolares y solitarias limosinas, así, su majestad podrá gozar con la convivencia del pueblo chileno en toda su expresión. Conocerá sus aromas veraniegos, podrá jactarse de la buena alimentación de los viajantes y de la comodidad que ello significa, y es que realizar un recorrido con asientos revestidos y acolchados de piel humana es un lujo que sólo un par de países pueden dar.
Después de incentivarlo a tomar la micro, convídelo a almorzar, pero no se le ocurra llevarlo a un restauran, en su lugar cocínele. Vallan juntos a un moderno supermercado y compre los ingredientes para preparar una típica y casera comida criolla. El Rey, ante todo, quedará impresionado por la originalidad de su gesto y, después, mirará con buenos ojos el precio que tienen los alimentos en el país, incluso, un poco más bajos que en su Madre Patria. Ahora Presidenta, por favor no meta la pata: omita mencionar que en las tierras de este reino los trabajadores sólo ganan la cuarta parte que en su España.
miércoles, 7 de noviembre de 2007
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